En su expresión más simple, se trata de la sensibilidad a la influencia del mundo espiritual. Es el “sexto sentido”, que nos pone en contacto con el mundo de los espíritus, así como el tacto, el paladar, el olfato, la visión y la audición nos ponen en contacto con el mundo de los hombres.
La forma en que Ana Maria entiende el mundo espiritual puede conectarnos con él y con nuestros seres queridos.

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